Buenas tardes
Dra. Porfiria Almonte, Presidenta de la Asociación Dominicana de Médicos Internistas, Inc.
Dr. Lorenzo Wilfredo Hidalgo Hidalgo Núñez, Médico Internista y Ministro de Salud Pública de la República Dominicana.
Dr. Gilberto Serulle, Alcalde de la ciudad de Santiago.
Dra. Austria de la Rosa, Presidenta Regional de la Regional Norcentral de Salud Pública.
Dra. Pura Gontier, Presidenta Regional Norte del Colegio Médico Dominicano.
Dr. Nelson Rodríguez, Viceministro de Salud Pública y Encargado de Redes de Salud.
Dr. Juan Carlos, Presidente de la Filial Norte de la Sociedad Dominicana de Cardiología.
Dra. Claudia Arias, Expresidenta de la Sociedad Dominicana de Medicina Interna y Presidenta Electa de la Sociedad Centroamericana y del Caribe 2013–2015.
Dr. Julio Sabala, Presidente de la Sociedad de Medicina Interna de la República Dominicana.
Dras. Audry Amparo e Ingrid García, Representantes de Acromax Dominicana.
Dr. Rolando Báez, Director General del HRUJMCB.
Directores de Escuelas de Medicina de las diferentes universidades.
Directores de centros médicos públicos y privados.
Coordinadores de las diferentes residencias de Medicina Interna de la ciudad de Santiago.
Ramón Antonio García Paulino y Gliceida O. Núñez de García, mis padres.
Profesores, amigos, familiares y miembros de la prensa.
Esta tarde quiero agradecer a la ciudad de Santiago y a los aguiluchos, porque desde aquella tarde de agosto en que llegué, me han brindado la oportunidad de desarrollar una vida llena de satisfacciones en el ámbito personal, profesional y familiar.
Aunque, esa tarde, quien sin conocerme tuvo la amabilidad —característica que lleva hasta en su nombre— de alojarme en el área de la residencia, a pesar de que estaba prohibido para un primer año, fue el Dr. Edgar Amable Luna Arboleda. Al día siguiente, él mismo me llevó a la casa de una señora maravillosa que lamentablemente falleció hace unos años: doña Graciela, quien me acogió como un miembro más de su familia. Ella, afectada luego por la enfermedad de Alzheimer, siempre que nos reuníamos decía: "Míralo, tanto que le di de comer y le lavaba por dos cheles que me pagaba… y míralo ahora".
A mis profesores, como el Dr. Salvador Gómez Veloz, el Dr. José de Jesús Jiménez Olavarrieta, con sus clases de semiología, neurología y electrocardiografía, y otros como los doctores Rodolfo Ortiz, Manuel Almazar, Said Aude, Martín Medrano, Julián Sued, Francisco Mejía Ortiz, Geraldo Estevez, Nelson Báez Noger, Torres, Arismendy de León, entre otros, quienes contribuyeron a desarrollar en mí un sentido integral de la evaluación de los pacientes.
A mis compañeros, con quienes en aquellos años formamos más que una amistad: una verdadera hermandad.
A colegas como los doctores Daniel Rivera, Luis José Castillo, María de León y Luz María Espinosa (barahonera también), que me brindaron la oportunidad de integrarme a la sociedad médica de esta ciudad.
Al Dr. Carlos Jorge Pepín, quien —quizás como recompensa por haber sido el único en castigarme con 24 horas— me abrió las puertas de su proyecto en la calle Santomé, iniciando mi práctica como internista sin verme como competencia.
A todos mis compañeros del Centro Médico Santiago Apóstol.
A los doctores Eduardo Martínez y Luis Jiménez, así como al Lic. Marcial Grullón y los doctores Estepan y Eduardo Martínez, que se han comportado como verdaderos hermanos.
A todos los internistas y cardiólogos de la región por su aceptación y respeto.
A mis hermanos y compañeros de viaje: doctores Nigero Albaine, Luisa Martínez, Elizabeth Gutiérrez y Celia Rodríguez.
A las 18 generaciones de residentes que hoy son internistas y subespecialistas, gracias por permitirme participar en su formación y enseñarme tanto.
Pero de todas las cosas maravillosas que han llegado a mi vida, lo más sublime fue decirle “sí” a la interna María Lucía Fortuna. A pesar de la incertidumbre de su madre por no conocer mis antecedentes, hemos formado una maravillosa familia con nuestros hijos Gliceida y José, quienes son motivo de orgullo. María, con su amor, comprensión y tolerancia, se ofreció a leer mi semblanza al enterarse de este reconocimiento, diciéndome que nadie podría conocerme como ella. Te amo, María.
Recuerdo en un viaje a Europa, cuando quedé varado en el aeropuerto de Barajas y tuve que obligarte a tomar el vuelo sin mí. Desde allí te escribí un email que decía: "Espérame en París, vida mía".
A mis suegros, Freddy Fortuna y Diana Elba Peralta de Fortuna, que —contrario al clamor popular contra las suegras— han sido un apoyo incondicional.
A mis hermanos José Manuel, Frank, Ramón, Lucas y Natividad.
A tantos amigos que, a pesar de tener que tolerarme, me demuestran su cariño: doctores Estepan, Colón Duluc, Madera, y el Sr. Federico Feliz, con quienes comparto cada semana las jugadas desacertadas del dominó (aunque, claro, los que juegan mal son ellos). El grupo “La Hanga” ya tiene más de 16 años.
Son tantos amigos a quienes agradecer que probablemente empezaría la celebración de la victoria del torneo 2012–2013 de los Leones del Escogido antes de terminar esta alocución.
Para concluir, quiero pedir a mi padre, Ramón Antonio García Paulino, que me acompañe en este podio para rendirle tributo. Este reconocimiento no es mío: es suyo y de mi madre, quienes desarrollaron en mí valores como honestidad, trabajo, lealtad y responsabilidad, ayudándome a estar hoy aquí con ustedes, a costa de grandes sacrificios.
Por ello pedí a mis hijos que interpretaran una de mis canciones preferidas.
Muchas gracias.